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Bárcenas en mi pueblo. ¿Independencia de poderes en España?

Es lamentable que nuestro maravilloso pueblo sea “trending topic” por este personaje siniestro del PP. Con la cantidad de cosas buenas y bonitas que tiene Soto del Real es una pena que su nombre se haga famoso por su relación con Luis Bárcenas.

Por otro lado me alegro mucho de que por fin esté en la cárcel. No se trata simplemente de que se encarcele a un destacado miembro del grupo de ladrones y mafiosos del PP. Lo realmente importante de este hecho es que se recupere, aunque sea muy levemente, la confianza en la justicia de este país y se reviertan de alguna forma las frustraciones de quienes venimos observando perplejos los acontecimientos que rodean a los corruptos en España.

Es intolerable que la justicia trate con total impunidad los casos de corrupción política y empresarial que padecemos. ¿Cómo se puede pretender que los ciudadanos respeten a su país y tengan un sentimiento patriótico, de unidad y respeto mientras sufren un sistema judicial como éste?

Uno de los ejemplos más evidentes, lamentables e impresionantes de esta impunidad se está repitiendo en las últimas semanas: los fiscales defienden a los presuntos delincuentes pidiendo excarcelaciones y libertades sin fianza, contra los criterios de los propios jueces…

¿Pero en qué está pensando la fiscalía? Se supone que los fiscales deben perseguir a los presuntos delincuentes, no luchar por defenderles frente al criterio de los propios jueces.

Fruto de analizar esta situación y de plantearnos estas preguntas solo cabe concluir que la dependencia de poderes es casi absoluta en España. Si los miembros de los diferentes poderes se nombran, se juzgan y se indultan entre si es imposible que exista independencia y que el país no sufra casos graves de corrupción.

El esquema es el siguiente: El Parlamento (poder legislativo) nombra al Gobierno (poder ejecutivo); el Gobierno y el Parlamento nombran a los jueces y deciden sus ascensos o descensos; los jueces, nombrados por gobierno y Parlamento, juzgan a Gobierno y Parlamentarios en los casos de corrupción política; los jueces dependen de Gobierno y Parlamento para seguir en su puesto y promocionar y les deben el favor de su nombramiento; al jefe de los Fiscales lo nombra el Gobierno, y al Fiscal anticorrupción también; los fiscales se encargan de perseguir a los presuntos delincuentes, incluido Gobierno y Parlamento por casos de corrupción; y, al final del proceso, para colmo, el Gobierno indulta a quien le da la gana.

Parece evidente que este sistema es inaceptable.

En EEUU, país que no puede ser ejemplo en muchas cosas, se eligen muchos de los jueces y de los fiscales por votación popular. El futuro político y profesional de jueces y fiscales no depende de favores o nombramientos políticos sino del voto popular de los ciudadanos. La independencia y legitimidad de estos cargos públicos es mucho más elevada que en sistemas en los que los nombramientos los hacen los políticos, exigiendo devolución de favores a jueces y fiscales. En EEUU jueces y fiscales son absolutamente libres para actuar contra la corrupción política y empresarial, sin que esto tenga repercusiones en su futuro profesional.

No digo que el sistema de elección popular de jueces, fiscales y hasta del scherif del distrito sea perfecto. Pero sin duda necesitamos hacer una renovación profunda de nuestro sistema de independencia de poderes. La lucha contra la corrupción será prácticamente imposible sin esta reforma.

Ahora bien, es evidente que para afrontar esta reforma necesitamos ambición, energía y un fuerte liderazgo político que hoy en España no existe. Consigamos ese liderazgo político para afrontar ésta y otras grandes reformas imprescindibles para que los ciudadanos puedan sentir ese respeto, admiración y confianza por su país.

Y visiten Soto del Real, que tiene mucho más que a Luis Bárcenas.

 


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